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El cierre de mes no debería tomarte tres días

Si cada cierre empieza abriendo cuadernos y fotos de WhatsApp, el problema no es el mes: es que la información se guarda tarde.

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El cierre largo casi nunca es un problema de contabilidad. Es un problema de captura: la información existe, pero está repartida entre un cuaderno, un chat, una libreta de la caja y la memoria de alguien. El cierre no es más que el momento en que hay que juntarla toda de golpe.

Por eso alargar el plazo no ayuda. Un cierre que toma tres días con quince días de plazo va a seguir tomando tres días con treinta.

Empezá por lo que se registra al final

Hacé una lista de todo lo que hoy se anota después de que pasó: la venta que se apunta en la noche, el gasto que se recuerda el viernes, la compra que se registra cuando llega la factura. Cada uno de esos es un pedazo del cierre.

Lo que se anota en el momento no cuesta nada al final del mes. Lo que se anota después cuesta el doble: hay que recordarlo y hay que verificarlo.

Cerrá la caja todos los días

El cierre diario de caja es el hábito que más acorta el cierre mensual. No porque cuadre la plata, que también, sino porque obliga a que las ventas del día estén registradas ese día.

Si el cierre diario no cuadra, el problema es de hoy y se resuelve hoy, con la gente que estuvo. A fin de mes ese mismo descuadre es una arqueología de treinta días.

Separá lo que es del negocio

Cuando la cuenta personal y la del negocio son la misma, cada cierre incluye una tarea que no es contable: acordarse de qué era de quién. Es la causa más común de cierres eternos en negocios chicos, y la más fácil de resolver.

Esto se puede llevar en papel. También se puede llevar en un sistema que lo calcule solo, y que ya sepa cómo funciona tu rubro.