Muchos negocios saben cuánto vendieron y cuánto gastaron, pero no cuánto deja cada cosa que venden. Con eso alcanza para saber si el mes fue bueno, y no alcanza para saber por qué.
La consecuencia práctica es que se empuja lo que más se vende, que no siempre es lo que más deja, y a veces es lo que menos.
Costo real, no costo de compra
El costo de un producto no es lo que pagaste por él. Es lo que pagaste más lo que costó tenerlo: el flete, la merma, lo que se venció, el descuento que hiciste para sacarlo.
En servicios pasa lo mismo con el tiempo. Una hora de trabajo tiene un costo aunque nadie la facture como tal, y un servicio que toma el triple de tiempo deja menos aunque se cobre igual.
Empezá por los diez que más movés
No hace falta costear el catálogo entero para tomar una decisión. Con los diez productos o servicios que más se mueven ya se ve el patrón, y suele haber una sorpresa: algo muy vendido que deja poco, y algo poco vendido que deja mucho.
Cuando eso queda a la vista, las decisiones se toman solas. Qué se empuja, qué se sube de precio, qué se deja de traer.
Revisalo cuando cambie el costo, no cuando cambie el año
El margen se desactualiza cada vez que sube un insumo o cambia el tipo de cambio. Un precio calculado con costos del año pasado es una estimación, no un dato.