Casi todos los negocios con bodega tienen las dos cosas a la vez: producto detenido que ocupa plata, y quiebres del que sí se vende. Parece contradictorio y no lo es. Son dos caras del mismo hábito, que es comprar mirando el estante en vez de mirar la salida.
Mirá qué tan rápido sale, no cuánto hay
La pregunta útil no es «cuánto me queda» sino «en cuántos días se me acaba a este ritmo». Lo primero es una foto; lo segundo dice cuándo hay que comprar.
Con esa cuenta aparecen dos listas incómodas y muy útiles: lo que se vende antes de que llegue el pedido, y lo que lleva meses sin moverse.
El producto detenido es plata, no inventario
Lo que lleva meses parado ya se compró: esa plata está adentro y no está trabajando. Verlo como pérdida a realizar, y no como inventario a conservar, cambia la decisión. A veces conviene liquidarlo aunque duela el descuento.
Tomá en cuenta cuánto tarda en llegar
El punto en que hay que volver a comprar depende de dos cosas: qué tan rápido se vende y cuánto tarda el proveedor. Un proveedor que tarda tres semanas obliga a comprar mucho antes que uno que entrega en dos días, aunque el producto rote igual.