Casi todos los negocios chicos suben precios tarde y de golpe. Tarde porque cuesta hacerlo, y de golpe porque para cuando ya no queda opción el atraso acumulado es grande. Las dos cosas se pueden evitar, y son la misma decisión tomada a tiempo.
Revisá cuando cambia el costo, no cuando cambia el año
Atar la revisión a enero es cómodo pero arbitrario: los costos no esperan a enero. Lo que conviene es mirar el precio cada vez que sube un insumo importante, aunque la conclusión sea dejarlo igual.
Revisar no obliga a subir. Obliga a saber.
Un ajuste chico a tiempo no se nota; uno grande sí
Un aumento pequeño y a tiempo pasa casi desapercibido. El mismo aumento acumulado durante dos años llega en un solo salto, y ahí sí el cliente lo siente y lo comenta.
El que posterga por miedo a la reacción termina provocando exactamente la reacción que quería evitar.
No los subas todos parejo
Subir todo el mismo porcentaje es la forma más rápida y la que más margen deja sobre la mesa. Hay productos donde el cliente no compara y otros donde compara mucho. El ajuste debería ser distinto en cada uno.
Si no sabés en cuáles estás cómodo para subir, ese dato sale de mirar qué te deja cada línea, no de la intuición.
Avisá antes, no después
A los clientes con crédito o con servicio recurrente, avisarles con tiempo cambia por completo cómo cae la noticia. No es pedir permiso: es no sorprender a alguien que ya contaba con el precio viejo.
Y si hay algo que no va a subir, decilo también. Suele importar más de lo que uno cree.